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Feria del Queso de Trujillo 2008 (tráiler)

A la espera de que escribamos una crónica en condiciones sobre todo lo que vimos y comimos el jueves 1 en este magno acontecimiento para todos nosotros, amantes del queso, os dejo con alguna de las fotos que he subido a mi Flickr.

“Arte”, sin comillas

Juanjo Sáez en su libro El Arte. Conversaciones con mi madre habla sobre un amigo suyo muy artista. No le llama así sólo porque pinta, sino porque es artista en su totalidad. Sí, en el sentido de “este tío, qué artista está hecho”. Y en todos los demás.

Con él las performances eran continuas. Lo mismo te acompañaba al metro comiendo un plato de espaguetis - sí, comiéndolo y andando por la calle - que le daba por tirar calcetines apestosos a un tío pijo que estaba parado con su deportivo en el semáforo de debajo de su ventana.

Anda que no mola nada llegar a tu casa y decir “hoy he visto a un tío que iba por la calle comiendo espaguetis, con su plato de Arcopal y todo”. Es genial. A mí me pasó algo parecido una vez. Salimos de comer del Samurai y nos encontramos a Darth Vader cruzando la calle. Sin darte cuenta, como espectador casual, te conviertes es un consumidor de arte. Podría poner “arte”, así, entre comillas, pero no lo voy a hacer porque no me parece adecuado. El señor amigo de don Juanjo era artista y lo que hacía era arte. Quien fuera que hubiese bajo esa capa negra, que iba de Triana a los Remedios bajo el sol abrasador, también.

Son acontecimientos que no te esperas, que rompen la rutina; cosas que son sólo capaces a manos de gente especial y de las que tú, al haber participado, aunque sea como un simple espectador, ya te sientes parte ¡Quieres formar parte! Así que asumes la tarea de misionero del arte y engrandeces la obra, la mitificas como se merece mientras narras la anécdota a tu novio, a tu abuela y a tu primo.

Yo no cuento esto de la capacidad de artisteo de la gente igual de bien que Juanjo Sáez. De hecho no sé a ciencia cierta de qué estoy hablando exactamente y, desde luego, él escribe de forma mucho más interesante y amena que yo. Así que os recomiendo, por ésta y muchas otras razones, que os leáis su libro (Aquí Montse hace una reseña muy buena).


Todo este rollo viene a raíz de una cosilla que un grupo de personas anónimas montó en Madrid, en Atocha más concretamente, hace poco. Y que me ha parecido digno de mención. Podéis verlo en estos vídeos:

¿No tiene que ser alucinante, salir del tren, o estar esperando a tus amigos, o yo qué sé, haciendo lo que tuvieras que hacer ese día, y, de repente, encontrarte con nosécuántas personas congeladas, sin moverse? Son de esas cosas que te golpean, te tocan la fibra sensible, te hacen pensar, te emocionan. O no, todo es cuestión de gustos. Llamadlo como queráis: flashmob, MoBida, magia, gilipollez…o arte.

En Cádiz

El domingo fui a ver una exposición en el Castillo de Santa Catalina. Era sobre pintura rusa del siglo XX. Había cuadros bonitos y otros no tanto.

Por el camino aproveché para echar unas cuantas fotos sin pensarlo demasiado. Modo automático. Encuadrar, disparar y listo.

Decadencia

Os dejo con unas imágenes de decadencia, de esas que nos encantan a Hustinetten y a mí. Se trata de unas naves abandonadas que había en Córdoba, en la antigua Industria Electromecánica.  La primera foto es de un cobertizo anexo a una nave en la que se embalaban los paquetes que luego serían enviados por correo. La segunda es de un montón de fichas de registro que estaban tiradas en el suelo, cubiertas de polvo, en una pequeña ofician situada en la misma nave. La tercera es de un despacho que había en el edificio destinado a taller mecánico.

Me encantó estar entre aquellos muros, que una vez dieron trabajo a 6.000 cordobeses, sabiendo que hacía mucho tiempo que nadie pisaba ese suelo ni respiraba ese aire. Fue como revivir una de esas escenas de las películas en las que a los protagonistas les vienen a la cabeza multitud de recuerdos, suscitados por los lugares, los olores, los sonidos… con la salvedad de que en mi caso eran recuerdos ajenos; era como inmiscuirme en las vidas anónimas de los trabajadores que una vez habitaron todo aquel complejo, trabajadores que dejaron allí muchas horas de su vida, anécdotas, buenos y malos ratos, accidentes… pero, sobre todo, mucho esfuerzo, trabajo y fatigas, que pronto van a ser olvidados completamente.

Porque estas fotos fueron tomadas como parte del proyecto de derribo de todas estas edificicaciones, que dejarán paso a unas nuevas naves industriales ligeras y a unos cuantos centros comeriales. El dinero manda, y no le importa que a los nostálgicos nos guste más la estampa decadente que hoy os enseño. Al menos he tenido la suerte de poder retratarlas antes de que hayan desaparecido.

Temazos de ayer y hoy: Mola, Guay, ok de The Mockers

Well, I’m going back to España,
Days on the beach and nights in the city.
And when I get there I don’t wanna
Have all the girls think I’m just a guiri.
If you wanna know what I mean
I’m gonna tell you how
Just grab a seat at the end of the bar
And buy me another Mahou.

When I’m lost in the conversation,
And I don’t know what to say,
I just nod my head and I tell them
Mola, guay, ok.

Well, I’m walking through Malasaña
And I got a beer and an Española,
Who only speaks Castellano,
But she thought I was cool when I just said hola.
I learn the phrases and I pick the best ones
From what I hear and read
And even though I don’t know what I’m saying,
They think I’m from Valladolid.

When I’m lost in the conversation,
And I don’t know what to say,
I just nod my head and I tell them
Mola, guay, ok.

I’ve got my Collins de bolsillo,
But it doesn’t tell me what to say.
So I nod my head and I tell them
Mola, guay, ok.

http://www.myspace.com/themockers

Comportamientos ante la vida, según el Doktor Hohenegg

“Mire, desde mi punto de vista hay tres comportamientos posibles ante esta vida absurda. Primero, el de las masas, hoi polloi, que, sencillamente, se niegan a ver que la vida es una guasa. No se burlan de ella, sino que trabajan, acopian, mastican, defecan, fornican, se reproducen, envejecen y mueren como bueyes uncidos al arado, de la misma forma necia en que vivieron. Así es la inmensa mayoría. Luego están los que son como yo, que saben que la vida es una guasa y tienen valor para burlarse de ella, igual que los taoístas y que ese judío suyo. Y, luego, están, y si mi diagnóstico es correcto, ése es el caso de usted, los que saben que la vida es una guasa, pero sufren.”

Este texto pertenece a “Las Benévolas”, la primera novela Jonathan Littell, que ofrece una visión de la Alemania nazi y la Segunda Guerra Mundial contada a través de los ojos de un profesor/intelectual universitario que se ve convertido en un capitán de las SS. Concretamente, el fragmento es parte de una conversación que el Doktor Hohenegg mantiene con el protagonista, el Doktor Aue.

Elliott Erwitt

Me gusta navegar en Internet, cada día hago pequeñas travesías. Unas son paseos por lugares conocidos pero agradables. En otras te aventuras un poco y decides cambiar el rumbo. Puedes acabar con la noche echada encima y la sensación de no haber hecho nada más que ir de aquí para allá o puedes encontrar alguna isla que encierre un tesoro.

Como hoy, que he dado con las fotografías de Elliott Erwitt.

Este señor, cuyo nombre ya suena a carrete rebobinándose dentro de una cámara de verdad, de las analógicas, ha resultado ser, como bien me ha informado la bendita wikipedia, uno de los grandes fotógrafos de la agencia Magnum. Sin embargo, al contrario que Cartier-Bresson o Capa, que se centraban más en captar ese “instante decisivo”, la imagen informativa y clave, Erwitt se centra en lo aparentemente anecdótico. Su misión como fotógrafo parece ser capturar pequeños retazos del día a día. Sin embargo no por ello sus fotografías son más triviales o vacías de significado. Al contrario. Lo suyo es hacer poesía con instantáneas. Y su técnica es impecable: hace malabares con el claroscuro, el encuadre, la profundidad de campo e incluso me atrevería a decir que con los colores, aunque la mayoría de su obra sea en blanco y negro.

Échenle un vistazo a su página web:

http://www.elliotterwitt.com

(Y además, estoy bastante de acuerdo con él): http://alecsoth.com/blog/misc/erwitt_digital.jpg

“El Unicornio”. O “Estampa moña”.

Reconozco que soy pelín hortera para estas cosas, pero me encanta la estampa que os acabo de enseñar sobre estas líneas. Iba conduciendo solo camino de “Las Jaras”, la urbanización que hay en la sierra de Córdoba en torno al llamado “Lago de la Encantada”. Poco antes de llegar, al fondo de una de las curvas de la carretera se divisa un pequeño castañar a la vera de un camino terrizo; camino que, desde la calzada, se adentra en la sierra. Normalmente es una imagen bonita, pero aquella tarde fue algo más que eso.

Esta vez había un par de potros pastando entre los árboles. Uno de ellos era completamente blanco, y la luz rasante del sol de la tarde recortaba su figura sobre una pequeña loma de hierba en sombra, ofreciendo una visión que más tenía en común con el imaginario de la mitología nórdica que con el propio de estas tierras.

Me aparté a un lado de la carretera y me quedé un rato contemplando la escena. Y, cómo no, me decidí a sacar esta foto, gracias a la cámara que casi siempre llevo encima. ¡Nunca se sabe cuándo puede uno encontrar un unicornio en un recodo del camino, paciendo en el bosque!

Momo

 Momo y Casiopea en la Casa de Ninguna Parte. Por Hustinetten.

“Poco tiempo después -era una tarde especialmente calurosa- Momo encontró una muñeca en las escaleras (…).

- Hola. Soy Bebenín, la muñeca perfecta.

Momo se retiró asustada, pero entonces contestó, casi sin querer:

- Hola; yo soy Momo.

De nuevo, la muñeca movió los labios y dijo:

- Te pertenezco. Por eso te envidian todos.
- No creo que seas mía -dijo Momo-. Más bien creo que alguien te habrá olvidado.

Tomó la muñeca y la levantó. Entonces se movieron de nuevo los labios y dijo:

- Quiero tener más cosas.
- ¿Ah, sí? -contestó Momo, y reflexionó-. No sé si tendré algo que te vaya bien. Pero espera, que te enseñaré mis cosas y podrás decir qué te gusta.

Tomó la muñeca y pasó con ella por el agujero de la pared hasta su habitación. De debajo de la cama sacó una caja con toda suerte de tesoros y la puso delante de Bebenín.

- Toma -dijo-, es todo lo que tengo. Si hay algo que te gusta, no tienes más que decirlo.

Y le enseñó una bonita pluma de pájaro, una piedra de muchos colores, un botón dorado y un trocito de vidrio de color. La muñeca no dijo nada y Momo la empujó.

- Hola -sonó la muñeca-. Soy Bebenín, la muñeca perfecta.
- Sí -dijo Momo-, ya lo sé. Pero querías escoger algo. Aquí tengo una bonita casa de caracol. ¿Te gusta?
- Te pertenezco -contestó la muñeca-. Por eso te envidian todos.
- Eso ya lo has dicho -dijo Momo-. Si no quieres ninguna de mis cosas, podríamos jugar, ¿vale?
- Quiero tener más cosas -repitió la muñeca.
- No tengo nada más -dijo Momo. Tomó la muñeca y volvió a salir al aire libre. Allí sentó a la perfecta Bebenín en el suelo y se colocó enfrente.

- Vamos a jugar a que vienes de visita -propuso Momo-.
- Hola -dijo la muñeca-, soy Bebenín, la muñeca perfecta.
- Qué amable de venir a verme -contestó Momo-. ¿De dónde viene usted, señora mía?
- Te pertenezco -prosiguió Bebenín-, por eso te envidian todos.
- Escucha -dijo Momo-, así no podemos jugar, si siempre dices lo mismo.
- Quiero tener más cosas -contestó la muñeca, mientras pestañeaba.

Momo lo intentó con otro juego, y cuando éste también fracasó, con otro, y otro, y otro más. Pero no salía bien. Si la muñeca por lo menos no hubiera dicho nada, Momo habría podido contestar por ella, y habría resultado la conversación más bonita. Pero precisamente por hablar, Bebenín impedía cualquier diálogo.

Al cabo de un rato, Momo tuvo una sensación que no había sentido nunca antes. Y porque le era completamente nueva, tardó en darse cuenta de que era aburrimiento.

Momo no sabía qué hacer. Le habría gustado dejar tirada la muñeca perfecta y jugar a otra cosa, pero por alguna razón desconocida no podía separarse de ella.”

Este fragmento pertene a “Momo”, una fantástica novela de Michael Ende, escrita en 1973 (¡hace 35 años!). En ella se retrata magistralmente el problema de la falta de tiempo, las prisas y el estrés, visto a través de los ojos de Momo, una niña que parece inmune a todo ello, quizá porque vive sola en un antiguo anfiteatro, ayudada por todos los amigos y vecinos de su barrio.

La problemática del tiempo se completa con unas pinceladas críticas a la sociedad de consumo, sin la cual no se podría entender aquélla. Sobre ello versa precisamente el fragmento que habéis leído, que de paso aprovecha para romper una lanza a favor del mundo de la imaginación infantil en contra del fenómeno de los “juguetes que juegan solos” (y que seguimos sufriendo 35 años después). No obstante, a este tema le tiene Ende dedicado otro libro que seguro conocéis: “La Historia Interminable”, y que es igualmente genial.

La ilustración es un regalo que me ha hecho Hustinetten; se trata de Momo que, junto con Casiopea (la tortuga), ha entrado en la Casa de Ninguna Parte, el lugar donde nace el tiempo.

Córdoba de noche

Os ofrezco unas imágenes de hitos monumentales de Córdoba tomadas la noche del Viernes Santo. Había tanta gente viendo procesiones que decidí abstenerme de hacer lo mismo, y me fui a ver si conseguía unas cuantas fotos.

La Mezquita-Catedral de Córdoba, de noche.

El Arco del Triunfo de la Puerta del Puente, que daba acceso al interior de la ciudad desde el Puente Romano

La torre de la Mezquita-Catedral vista desde el Patio de los Naranjos