Se acerca Navidad. Eso significa muchas cosas, de las que destacaré dos. La primera, que puedo escuchar sin sentirme TAN friki mis discos de villancicos de la Boston Pops Orchestra y del Mormon Tabernacle Choir (dos formaciones más que recomendadas para los que gusten de la música orquestal grandilocuente, tipo banda sonora de película de aventuras). La segunda, que la planta baja de El Corte Inglés empieza a oler estupendamente, porque la gente anda como loca probando perfumes para comprarse o regalar.
Quien me conoce sabe que soy un enamorado del mundo de los aromas, y por eso, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no quería desperdiciar la oportunidad de comentar en La Hermandad del Cuervo los que desde hace unos años son mis “perfumes de cabecera”. La mayoría no son fragancias convencionales, y en general han sido el resultado de “flechazos olfativos” que luego me ha costado trabajo encontrar en perfumerías. Pero empecemos por el principio…
Mi relación con el mundo de los aromas y la perfumística viene de largo. Tendría yo unos ocho años cuando una tarde acompañé a mi padre, insigne aparejador, a reunirse con una clienta dueña de una perfumería. Como la mujer vio que me aburría sobremanera allí en un rincón de la tienda mientras ellos hablaban de asuntos que por supuesto no recuerdo, tuvo el detalle de regalarme unos cuantos frasquitos de muestras de perfume para que me entretuviera mientras. Me han acompañado todos estos años, y aún los conservo. Hasta hace no mucho los abría periódicamente y simplemente aspiraba su aroma, sin verter nunca ni una gota sobre mí, para no gastarlos. Hasta hace no mucho, como digo.
Pero volvamos al tema. Años después, cuando cumplí 14 o 15, me empezaron a regalar colonias tipo “Springfield”, “Impacto” y de ese estilo. Olían bien, pero eran muy… normales. Estándares. Colonias clásica de chico o de caballero. Todo el mundo las lleva; huelen todas igual. Pero como eran las que tenía, pues me las ponía y punto. Sin embrago, un día un conocido mío pasó a mi lado varias veces, a cada cual yo me quedaba más embobado. ¡Eso sí que era una colonia! ¡Qué aroma más agradable! Pero sobre todo, personal. Nunca lo había olido antes. No pude resistir la tentación de preguntarle; me sonrió halagado y me dijo que llevaba Valentino V para hombre, y que desde que lo olió ya no podía usar otro perfume. Y a mí me pasó igual.
Me obsesioné con esa fragancia, y al final Hustinetten me acompañó una tarde a ir de perfumerías a ver si la encontrábamos. No la tenían en todas, pero en las más grandes sí. Aunque claro, no todo el monte era orégano: para mis posibilidades económicas era más bien cara, aunque no prohibitiva. El caso es que ya que me iba a gastar un pastizal en un perfume quería estar seguro de lo que elegía. Y así, nos pudimos pasar horas en la perfumería olisqueando frascos probadores, por si encontraba alguna que me gustara más todavía. ¿El resultado? El siguiente ranking:
- Con el número 3, medalla de bronce para Vetiver de Guerlain.
- Con el número 2, medalla de plata para Habit Rouge, también de Guerlain.
- Y con el número 1, ganadora imbatible, oro absoluto: Valentino V pour homme.
Finalmente me compré el frasco de Valentino días después, tras madurar la decisión en mi casa. Pero ¿sabéis que fue lo más interesante? Que Vetiver y Habit Rouge fueron dos de las muestras que me regaló la dependienta de aquella perfumería a la que fui de pequeño con mi padre. De alguna manera me marcaron, y me había acostumbrado a su aroma (nada habitual, especialmente el de Habit Rouge) a lo largo de todos esos años. ¡Años en los que nunca se me había ocurrido que podía comprarme un frasco y usarlo, con lo que me gustaban! ¿Y sabéis cuál fue la causa, seguramente? Que son perfumes más exclusivos, que no venden en los supermercados o grandes superficies, que eran los sitios que yo frecuentaba. El caso es que pasadas las navidades, no tardé mucho en comprarme un frasco de cada una de ellas, para ir alternando con Valentino. Y ya no necesité olisquear las muestras más; y desde entonces, si hay una fragancia que me gusta lo suficiente, no espero a que pasen años para comprármela.
De hecho, un par de años después de esa tarde, volví a tener sendos “flechazos” con tan sólo unos meses de diferencia; flechazos que acabé adquiriendo casi enseguida. El primero fue con “7″, de Loewe. Y sí, reconozco que es muy corriente y, sobre todo, muy comercial. Pero es que huele a especias (clavo o clavel, sobre todo) y madera, y eso me encanta. Y el segundo fue de estos amores inesperados e intensísimos, que no me dejaba casi pensar en otra cosa, que me convirtió en adicto total a sus efluvios. Y con el valor añadido de ser un perfume prácticamente desconocido para la gran mayoría: Ambre Sultan, de Serge Lutens.
La historia fue tan peculiar como la siguiente: curioseando perfumes en El Corte Inglés me encontré con un stand muy pequeño, discretísimo, con un montón de botecitos todos iguales, con apariencia antigua, y que sólo se distinguían entre sí por la etiqueta y los diferentes tonos de ocre del líquido de su interior. Me llamó la atención que la mayoría no tenían nombres rimbombantes, sino de esencias puras: “Cedro”, “Azahar”, “Musk”, y cosas así. Me puse a oler unos cuantos y, cuando llegué a Ambre Sultan, me fascinó. Le pedí a la dependienta que me pulverizara un poco en un papel de muestra, que guardé en la funda de mis gafas de sol. Estaba dispuesto a llevarme un bote directamente hasta que me informaron del precio: 89 € el frasco de 50 ml. Me di media vuelta y me fui, agradeciéndole antes a la chica su atención e intentando disimular la palidez repentina de mi rostro.
No sirvió para nada mi negativa inicial a adquirilo. Cada pocas horas abría la funda de las gafas y la esnifaba, así, con todas las letras. Creo que no tardé ni una semana en volver al stand con la tarjeta de crédito en la mano. Y es que, junto con Valentino, es mi perfume favorito. Del mundo mundial.
En fin, para acabar esta perorata tan larguísima, voy a intentar hacer una “ficha” de cada uno de estos mis “perfumes de cabecera”. No esperéis una descripción profesional sobre las “notas de salida, corazón y noséqué”. Soy un lego en la materia, aunque eso sí: un lego al que le gusta el mundo de los aromas.

VALENTINO V PARA HOMBRE:
Al principio huele muy dulce, y conforme se va secando va tomando protagonismo el olor a cedro. Es una colonia que me fascina, y que uso casi a diario. Me encanta de ella que acaba impregnando la ropa con ese olor a cedro, y dura muchísimo.
VENTAJA: duradera y no muy cara. Apta para cualquier ocasión.
INCONVENIENTE: Mancha de color amarillo la ropa clara si le cae encima. Además, desde hace más de un año hay problemas con su comercialización. Oficialmente no la han retirado del mercado, pero es complicadísimo encontrarla en las tiendas, como no sea que les quede un resto. Se supone que debía haber empezado a distribuirla de nuevo (hace ya meses) Carolina Herrera, pero yo aún estoy esperando… Gracias a Dios me hice con un buen arsenal de frascos antes de que empezara la escasez.
HABIT ROUGE de Guerlain.
Se supone que huele a cuero, aunque a mí me huele a cítricos al pulverizarla, y luego progresivamente va oliendo cada vez más a vainilla. Al revés que Valentino, este perfume lo prefiero recién echado (o a las pocas horas) que cuando está completamente seco. Deja un “aura” enorme al principio, aunque luego se reduce enseguida. Es un aroma muy diferente al de la mayoría de las colonias de hombre. De hecho, podría ser unisex. Una vez a Hustinetten se le olvidó su colonia, y se puso Habit Rouge para ir a una boda a la que estábamos invitados. Mi tía le preguntó poco después que qué colonia se había puesto, que olía muy bien. Como anécdota: la chica de la perfumería donde estuvimos la tarde entera nos comentó que era la fragancia que durante muchos años habían usado Mario Conde y la Familia Real…
VENTAJA: Fresca; válida tanto para ir de traje como informal. Muy original.
INCONVENIENTE: Para mi gusto, se disipa demasiado pronto.
VETIVER, de Guerlain.
Parecida a la anterior, pero algo más convencional, ya que el olor que destaca es el vétiver (mucho más común en los perfumes de caballero que los cítricos combinados con la vainilla). Fresquita; ligera.
VENTAJA: Por el mismo precio que otras colonias de la misma gama, el frasco es más grande (75 ml o 125 ml). Me gusta mucho para primavera.
INCONVENIENTE: Quizá es demasiado fresca para invierno. Por otro lado, he observado que hay personas en cuya piel dura muchísimo, mientras que mi piel parece que la desintegra; me dura poquísimo encima…
7, de Loewe.
Es como abrir el armario de las especias y recibir un agradable bofetón de clavo/clavel y pimienta. Seca, concisa. Huele casi igual de recién echada que una vez seca.
VENTAJA: Dura mucho, y se deja poner en verano, cuando hace tanto calor que otros perfumes resultan demasiado empalagosos.
INCONVENIENTE: Algo más cara que las anteriores, pero quizá es porque estaba recién salida. Seguramente este año cueste menos. Y tal vez demasiado famosa, aunque tampoco me he cruzado con tanta gente que la lleve, la verdad sea dicha.
AMBRE SULTAN, de Serge Lutens.
Es muy difícil de describir. Huele a patchouli; a incienso o mirra, pero fresco, sin haberlo quemado. Es como uno se imaginaría que olería un idealizado palacio de las Mil y Una Noches. Al principio también hay ciertas notas de perfumes masculinos más clásicos, no sé si será el vétiver… No obstante, al poco rato, lo que queda (y queda durante muuuucho tiempo) es el olor del incienso.
VENTAJA: Dura días. Es muy fuerte, por lo que usando una pulverización está uno más que perfumado el resto del día.
INCONVENIENTES: Es muy fuerte. Como te eches más de la cuenta, puedes tumbar a los que te rodean. Es un olor muy penetrante y dulzón, con lo cual no resulta apropiada para el verano, si bien en invierno es una delicia. Por último, es carísima.


























































































