Perfumes diferentes

•6 diciembre 2011 • 2 comentarios

Se acerca Navidad. Eso significa muchas cosas, de las que destacaré dos. La primera, que puedo escuchar sin sentirme TAN friki mis discos de villancicos de la Boston Pops Orchestra y del Mormon Tabernacle Choir (dos formaciones más que recomendadas para los que gusten de la música orquestal grandilocuente, tipo banda sonora de película de aventuras). La segunda, que la planta baja de El Corte Inglés empieza a oler estupendamente, porque la gente anda como loca probando perfumes para comprarse o regalar.

Quien me conoce sabe que soy un enamorado del mundo de los aromas, y por eso, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no quería desperdiciar la oportunidad de comentar en La Hermandad del Cuervo los que desde hace unos años son mis “perfumes de cabecera”. La mayoría no son fragancias convencionales, y en general han sido el resultado de “flechazos olfativos” que luego me ha costado trabajo encontrar en perfumerías. Pero empecemos por el principio…

Mi relación con el mundo de los aromas y la perfumística viene de largo. Tendría yo unos ocho años cuando una tarde acompañé a mi padre, insigne aparejador, a reunirse con una clienta dueña de una perfumería. Como la mujer vio que me aburría sobremanera allí en un rincón de la tienda mientras ellos hablaban de asuntos que por supuesto no recuerdo, tuvo el detalle de regalarme unos cuantos frasquitos de muestras de perfume para que me entretuviera mientras. Me han acompañado todos estos años, y aún los conservo. Hasta hace no mucho los abría periódicamente y simplemente aspiraba su aroma, sin verter nunca ni una gota sobre mí, para no gastarlos. Hasta hace no mucho, como digo.

Pero volvamos al tema. Años después, cuando cumplí 14 o 15, me empezaron a regalar colonias tipo “Springfield”, “Impacto” y de ese estilo. Olían bien, pero eran muy… normales. Estándares. Colonias clásica de chico o de caballero. Todo el mundo las lleva; huelen todas igual. Pero como eran las que tenía, pues me las ponía y punto. Sin embrago, un día un conocido mío pasó a mi lado varias veces, a cada cual yo me quedaba más embobado. ¡Eso sí que era una colonia! ¡Qué aroma más agradable! Pero sobre todo, personal. Nunca lo había olido antes. No pude resistir la tentación de preguntarle; me sonrió halagado y me dijo que llevaba Valentino V para hombre, y que desde que lo olió ya no podía usar otro perfume. Y a mí me pasó igual.

Me obsesioné con esa fragancia, y al final Hustinetten me acompañó una tarde a ir de perfumerías a ver si la encontrábamos. No la tenían en todas, pero en las más grandes sí. Aunque claro, no todo el monte era orégano: para mis posibilidades económicas era más bien cara, aunque no prohibitiva. El caso es que ya que me iba a gastar un pastizal en un perfume quería estar seguro de lo que elegía. Y así, nos pudimos pasar horas en la perfumería olisqueando frascos probadores, por si encontraba alguna que me gustara más todavía. ¿El resultado? El siguiente ranking:

- Con el número 3, medalla de bronce para Vetiver de Guerlain.
- Con el número 2, medalla de plata para Habit Rouge, también de Guerlain.
- Y con el número 1, ganadora imbatible, oro absoluto: Valentino V pour homme.

Finalmente me compré el frasco de Valentino días después, tras madurar la decisión en mi casa. Pero ¿sabéis que fue lo más interesante? Que Vetiver y Habit Rouge fueron dos de las muestras que me regaló la dependienta de aquella perfumería a la que fui de pequeño con mi padre. De alguna manera me marcaron, y me había acostumbrado a su aroma (nada habitual, especialmente el de Habit Rouge) a lo largo de todos esos años. ¡Años en los que nunca se me había ocurrido que podía comprarme un frasco y usarlo, con lo que me gustaban! ¿Y sabéis cuál fue la causa, seguramente? Que son perfumes más exclusivos, que no venden en los supermercados o grandes superficies, que eran los sitios que yo frecuentaba. El caso es que pasadas las navidades, no tardé mucho en comprarme un frasco de cada una de ellas, para ir alternando con Valentino. Y ya no necesité olisquear las muestras más; y desde entonces, si hay una fragancia que me gusta lo suficiente, no espero a que pasen años para comprármela.

De hecho, un par de años después de esa tarde, volví a tener sendos “flechazos” con tan sólo unos meses de diferencia; flechazos que acabé adquiriendo casi enseguida. El primero fue con “7″, de Loewe. Y sí, reconozco que es muy corriente y, sobre todo, muy comercial. Pero es que huele a especias (clavo o clavel, sobre todo) y madera, y eso me encanta. Y el segundo fue de estos amores inesperados e intensísimos, que no me dejaba casi pensar en otra cosa, que me convirtió en adicto total a sus efluvios. Y con el valor añadido de ser un perfume prácticamente desconocido para la gran mayoría: Ambre Sultan, de Serge Lutens.

La historia fue tan peculiar como la siguiente: curioseando perfumes en El Corte Inglés me encontré con un stand muy pequeño, discretísimo, con un montón de botecitos todos iguales, con apariencia antigua, y que sólo se distinguían entre sí por la etiqueta y los diferentes tonos de ocre del líquido de su interior. Me llamó la atención que la mayoría no tenían nombres rimbombantes, sino de esencias puras: “Cedro”, “Azahar”, “Musk”, y cosas así. Me puse a oler unos cuantos y, cuando llegué a Ambre Sultan, me fascinó. Le pedí a la dependienta que me pulverizara un poco en un papel de muestra, que guardé en la funda de mis gafas de sol. Estaba dispuesto a llevarme un bote directamente hasta que me informaron del precio: 89 € el frasco de 50 ml. Me di media vuelta y me fui, agradeciéndole antes a la chica su atención e intentando disimular la palidez repentina de mi rostro.

No sirvió para nada mi negativa inicial a adquirilo. Cada pocas horas abría la funda de las gafas y la esnifaba, así, con todas las letras. Creo que no tardé ni una semana en volver al stand con la tarjeta de crédito en la mano. Y es que, junto con Valentino, es mi perfume favorito. Del mundo mundial.

En fin, para acabar esta perorata tan larguísima, voy a intentar hacer una “ficha” de cada uno de estos mis “perfumes de cabecera”. No esperéis una descripción profesional sobre las “notas de salida, corazón y noséqué”. Soy un lego en la materia, aunque eso sí: un lego al que le gusta el mundo de los aromas.

VALENTINO V PARA HOMBRE:
Al principio huele muy dulce, y conforme se va secando va tomando protagonismo el olor a cedro. Es una colonia que me fascina, y que uso casi a diario. Me encanta de ella que acaba impregnando la ropa con ese olor a cedro, y dura muchísimo.
VENTAJA: duradera y no muy cara. Apta para cualquier ocasión.
INCONVENIENTE: Mancha de color amarillo la ropa clara si le cae encima. Además, desde hace más de un año hay problemas con su comercialización. Oficialmente no la han retirado del mercado, pero es complicadísimo encontrarla en las tiendas, como no sea que les quede un resto. Se supone que debía haber empezado a distribuirla de nuevo (hace ya meses) Carolina Herrera, pero yo aún estoy esperando… Gracias a Dios me hice con un buen arsenal de frascos antes de que  empezara la escasez.

HABIT ROUGE de Guerlain.
Se supone que huele a cuero, aunque a mí me huele a cítricos al pulverizarla, y luego progresivamente va oliendo cada vez más a vainilla. Al revés que Valentino, este perfume lo prefiero recién echado (o a las pocas horas) que cuando está completamente seco. Deja un “aura” enorme al principio, aunque luego se reduce enseguida. Es un aroma muy diferente al de la mayoría de las colonias de hombre. De hecho, podría ser unisex. Una vez a Hustinetten se le olvidó su colonia, y se puso Habit Rouge para ir a una boda a la que estábamos invitados. Mi tía le preguntó poco después que qué colonia se había puesto, que olía muy bien. Como anécdota: la chica de la perfumería donde estuvimos la tarde entera nos comentó que era la fragancia que durante muchos años habían usado Mario Conde y la Familia Real…
VENTAJA: Fresca; válida tanto para ir de traje como informal. Muy original.
INCONVENIENTE: Para mi gusto, se disipa demasiado pronto.

VETIVER, de Guerlain.
Parecida a la anterior, pero algo más convencional, ya que el olor que destaca es el vétiver (mucho más común en los perfumes de caballero que los cítricos combinados con la vainilla). Fresquita; ligera.
VENTAJA: Por el mismo precio que otras colonias de la misma gama, el frasco es más grande (75 ml o 125 ml). Me gusta mucho para primavera.
INCONVENIENTE: Quizá es demasiado fresca para invierno. Por otro lado, he observado que hay personas en cuya piel dura muchísimo, mientras que mi piel parece que la desintegra; me dura poquísimo encima…

7, de Loewe.
Es como abrir el armario de las especias y recibir un agradable bofetón de clavo/clavel y pimienta. Seca, concisa. Huele casi igual de recién echada que una vez seca.
VENTAJA: Dura mucho, y se deja poner en verano, cuando hace tanto calor que otros perfumes resultan demasiado empalagosos.
INCONVENIENTE: Algo más cara que las anteriores, pero quizá es porque estaba recién salida. Seguramente este año cueste menos. Y tal vez demasiado famosa, aunque tampoco me he cruzado con tanta gente que la lleve, la verdad sea dicha.

AMBRE SULTAN, de Serge Lutens.
Es muy difícil de describir. Huele a patchouli; a incienso o mirra, pero fresco, sin haberlo quemado. Es como uno se imaginaría que olería un idealizado palacio de las Mil y Una Noches. Al principio también hay ciertas notas de perfumes masculinos más clásicos, no sé si será el vétiver… No obstante, al poco rato, lo que queda (y queda durante muuuucho tiempo) es el olor del incienso.
VENTAJA: Dura días. Es muy fuerte, por lo que usando una pulverización está uno más que perfumado el resto del día.
INCONVENIENTES: Es muy fuerte. Como te eches más de la cuenta, puedes tumbar a los que te rodean. Es un olor muy penetrante y dulzón, con lo cual no resulta apropiada para el verano, si bien en invierno es una delicia. Por último, es carísima.

Noviembre en el Castañar de Valdejetas

•14 noviembre 2011 • 3 comentarios

Repasando las entradas del blog casi no me lo podía creer cuando me di cuenta que aún no había subido ni una triste foto del castañar de Valdejetas. ¡Sacrilegio! Bueno, quizá es porque no es un sitio que frecuente a menudo, pero lo cierto es acudo con periodicidad anual, fiel a la cita desde hace tres o cuatro noviembres.

Como podéis comprobar, es un sitio absolutamente mágico, al menos para los que vivimos habitualmente rodeados de pinos, encinas y alcornoques. Y si bien es bonito todo el año, hay que rendirse ante los colores que muestra en otoño. Yo ya le tengo cogido el punto, y suele ser a mediados de noviembre.

Pero claro, no todos los noviembres son iguales. El año pasado, por ejemplo, tuvimos un otoño muy lluvioso, más frío y con mucho viento los primeros días de noviembre. El resultado fue que cuando llegamos al castañar quedaban pocas hojas en los árboles, y las que quedaban eran de unos preciosos tonos marrón rojizo.

Este año sin embargo el clima está siendo más benigno, lo que ha provocado que la hoja aún no esté tan marchita, y que se entremezclen los tonos amarillos con los verdes… Se nota perfectamente en las tonalidades de las fotos.

A ver si me acuerdo y otro día hago una actualización de la entrada con fotos del año pasado, para que podáis comparar :-)

Como acabamos pronto nuestro paseo por Valdejetas, en el camino de vuelta decidimos hacer una parada en los Baños de Popea (otro sitio mágico del que ya hemos hablado en un par de ocasiones: aquí y aquí).

Nada nuevo que añadir, salvo que, como veréis en la última foto, ESTÁ TODO LLENO DE BASURA.

Qué asco. Y os puedo asegurar que eso no es lo peor que hemos visto… Hace cosa como de un mes, que fue la última vez que estuve, aquello parecía la feria. Lleno de gente. Lo cual no me parecería mal… siempre que lo dejaran todo tal y como se lo habían encontrado. A ver qué os parece esto: pasamos por un claro del bosque donde tenían montada una carpa, y como veinte personas debajo, haciendo su perol (picnic en cordobés). Y un poco más adelante, otras treinta personas de perol (creo que no exagero), y siguiendo aguas arriba el río Guadiato, un par de grupos más. Hasta ahí bien. El problema es que, a la vuelta, la gente se había ido. Pero no su basura (o al menos, no la de dos o tres de los grupos). ¿Y sabéis qué es lo más gracioso? Que la habían dejado RECOGIDA, metida en sus bolsas; cerradas y todo. ¡Y SE HABÍAN DEJADO ALLÍ LAS BOLSAS! En medio del bosque. No sé, supongo que esperarían que las recogieran David el gnomo y su mujer.

En fin. Me enciende este tema. Mi único consuelo es esperar que la basura dure allí el tiempo suficiente como para que los desalmados estos vuelvan por la zona, vean el estercolero en el que la han convertido, y empiecen a tomar un poco de conciencia ecológica.

Lake District (NorthWest England) y #3: Cosas inglesas.

•8 octubre 2011 • 2 comentarios

Aunque con retraso, aquí os traigo la tercera y última entrega del viaje estival a Lake District, el paraíso senderista del Noroeste de Inglaterra. Tras hablar de los bosques y de las montañas, aún me tenía en “tareas pendientes” contaros los pequeños detalles, anécdotas e impresiones de aquel entorno tan diferente al que estamos acostumbrados por estos lares del Sur de la península.

La foto que veis arriba es, por ejemplo, de unos “dedales”, una flor muy abundante en la parte baja de las laderas de los montes, y que da un toque de malva al sempiterno verde que se extiende allá donde mires.

Pero no es la única flor violeta, ni de hecho la más abundante. Señoras y señores, les presento a continuación al BREZO, la planta reina de las highlands, que cubre como un manto púrpura las cumbres de los cerros y envuelve el ambiente con un característico olor a melaza. Cuando era pequeño leía en los libros de Enid Blyton que los Cinco se pasaban acampadas enteras en colinas rodeadas de brezo, sin tener ni idea de lo que era. Ahora les alabo el gusto.

Y si algo caracteriza más a los prados del Norte de Inglaterra y de Escocia que el brezo, eso son las ovejas. Decenas. Cientos. Miles, diría. Por doquier. La verdad es que así es mucho más fácil hacerse a la idea del emporio de lanas que montó Lady Aliena en la Inglaterra medieval que describe Ken Follett en sus Pilares de la Tierra. Preciosas. Y encima, ovejas blanquitas y limpitas, no como aquí. ¿El secreto? Pues que llueve todos los días. En Inglaterra no hay lavaderos de coches, por ejemplo. Porque no hay polvo. Ni siquiera te ensucias los pies al andar por la calle. ¡Toda la suciedad se la lleva la lluvia diaria!

Además de ovejas, también vimos otros animalitos curiosos, y en mayor abundancia que a lo que estamos acostumbrados. Para muestra, este botón de bandada de gansos a los que estuvimos alimentando.

La anécdota: entre los tres millones de gansos que había pululaban DOS patos. Pues cada vez que tirábamos un trozo de bocata al agua, aunque los patos estuvieran más lejos, los puñeteros metían el turbo y llegaban antes a la comida que los gansos que estaban al lado. Y se la zampaban y huían prestos. Y no me extraña: cuando un ganso pillaba un trozo de choped, dos o tres más se abalanzaban sobre él ¡y le mordían! O_o Son unos bichos bastante agresivos. ¿Sabíais que además tienen como “dientes” en el pico? (No son exactamente dientes, sino el pico cortado en forma de “sierra” por dentro… Pero bueno, el caso es que pueden hacer pupita…)

Y además de animalitos, también vimos cosas curiosas en nuestros paseos. Por ejemplo, en este parque natural la gente se entretenía en clavar peniques en los tocones de árboles ya cortados. Y nosotros, inspirados por el aire borreguil reinante (que ya he descrito), pues pusimos nuestro granito de arena. Ayudados por un pedrusco cercano, clavamos nuestras monedas. Aún nos preguntamos si el resultado de todo esto era conseguir “rascadores de espaldas para ganado y/o senderistas”

¿Más cosas curiosas? Pues un día bajando a uno de los lagos que visitamos nos encontramos con una cabaña abandonada. Parecía como un garaje, y que más que no usarse lo que estaba era muy descuidada. Pero por poco nos da algo cuando descubrimos al osito malrrollero acechándonos desde el interior:

Tras la impresión, pudimos disfrutar de unas preciosas vistas junto al lago. Y algunos incluso se atrevieron a bañarse. Aunque puedo prometer y prometo que el agua estaba FRÍA de narices. Con efecto encogedor de gónadas incorporado. ¡Brrrr! O_o

Me encantan las fotos que os acabo de poner del pantalán sobre el lago; creo que es porque me recuerdan al 50% a dos sitios donde nunca he estado: los fiordos noruegos y los paisajes de los Grandes Lagos de la frontera entre Canadá y los Estados Juntitos de América (como dice mi amigo Coper).

Un par de tardes después estuvimos en otro embarcadero, pero éste era mucho más modesto, y en este caso servía para montarse en unas barcas de alquiler pertenecientes a un negocio de pesca. Y oye, la verdad es que se pescaba, sí señor. La hora buena era justo en la puesta de sol, según me contó Lady Alfiler, que estuvo en la partida de pesca. Porque la verdad es que yo preferí quedarme en tierra y darme una vuelta por un bosquecillo cercano.

Mientras los demás amigos pescaban, cuando me aburrí del bosquecillo me fui con Segeim a otro sitio pintoresco porque habíamos pasado en multitud de ocasiones pero nunca nos habíamos parado: el cementerio de Hawkshead. No es que fuera especialmente bonito comparado con otros cementerios del país, pero sí es muy diferente de los blancos y abarrotados (de tumbas) cementerios mediterráneos. Lápidas de piedra en el suelo, cruces de piedra (muchas de ellas celtas) y hierba fresca creciendo entre todo ello, cubriendo la totalidad de la loma donde se enclava. La verdad es que la descripción podría ser de cualquier otro camposanto de las islas británicas, pero, ¿no es bonito?

(Y en días nublados o lluviosos mola más todavía *_*)

Por último, no quería dejar de hablar de la casa rural donde nos alojamos. Se trataba de un “cottage” cuyos orígenes databan del siglo XV, y doy fe que las escaleras y las vigas eran testigos de ello. Además de ser maravillosamente intrincada, tenía detalles como éste que hacían las delicias de todos los que somos “almas romántico-decimonónicas” y pelín horteras, como ya me he descrito en alguna ocasión:

¡Una inscripción hecha con diamante sobre uno de los vidrios de la ventana de la escalera principal! *o* Dios sabe cuánto tiempo tendría. Estaba escrita en inglés antiguo (tanto, que ni siquiera Simon -nuestro amigo inglés- la ha sabido leer e interpretar. ¡Y eso que es lingüista!).

Revisando el libro de visitas de la casa nos dimos cuenta que alguien se había molestado ya en transcribir las palabras, haciendo además un intento de “traducción” a inglés contemporáneo (con escaso éxito y grandes dosis de imaginación, en opinión  de Simon). Sea como fuere, aquí os dejo el enigma, por si alguien es capaz de sacarle más sentido.

¡Nos leemos en la próxima entrada! ;-)

 

 

 

Lake District (NorthWest England) #2: Los bosques

•5 agosto 2011 • 1 comentario

Los que sigan un poco el blog sabrán que siento debilidad por los bosques húmedos. Son paisajes evocadores, casi mágicos; supongo que me recuerdan a imágenes de cuando era pequeño y veía en la tele películas americanas rodadas en los Grandes Lagos, a Heidi bebiendo leche con los bosques alpinos detrás o a Noeli en los bosques de Laponia…

El caso es que para mí eran parajes inalcanzables, como de otro mundo, porque por el Mediterráneo no se estilan mucho. Luego, con el tiempo, he aprendido a valorar la belleza del paisaje mediterráneo, pero como siempre, a uno le gusta lo que no tiene, y yo siempre estaba (¡y estoy!) lampando por ver una cascada o un bosquecillo de hoja caduca.

Descubrí que en Andalucía, incluso en Córdoba, tenemos paisajes de ese estilo (véanse las entradas Los Arroyos del Bejarano y el MolinilloColores de Otoño, o Las Cascadas del Río Huéznar) pero son indudablemente escasos. Así que lo que me ha llamado la atención de los bosques del noroeste de Ingalterra no son los bosques en sí (que gracias a Dios ya he tenido la oportunidad de ver muchos como ellos), sino la cantidad.

Había agua por todas partes. Tantos riachuelos que seguramente la mayoría no tendrían nombre. Hayedos y robledales por doquier, alternándose con los prados más verdes que una oveja pueda desear (explicaciones en la entrega #3 de la serie). Y es curioso, porque en Escocia (que está al ladito) los bosques que hay son la mayoría reforestaciones o plantaciones de abetos. Y en Irlanda directamente es que no hay bosques. Los que hay están protegidísimos y son Parques Naturales.

Cada vez me da más envidia Harry Potter (obviando lo de que intentan matarlo y tal), que vive en un castillo al pie de un lago y rodeado de bosques como estos. ¡Maldito!

No me extraña que esta región sea un “paraíso senderista”, como ya comenté en la entrada anterior… Por cierto, que algo dije (bien en el texto o en el nombre de alguna foto) sobre que a los pies de la montaña llamada “The Lion and the Lamb” había un maravilloso bosque húmedo que ya os enseñaría. Pues bien, he aquí las fotos:

Os dejo una última imagen, también del bosque que había a los pies de “The Lion and the Lamb”, donde se aprecia el grosor del tronco de los árboles que había por allí. Creo que estos eran abetos.

Lake District (NorthWest England) #1: Las montañas

•30 julio 2011 • Dejar un comentario

Como hace ya unos tres meses que no publico nada, se me está acumulando el trabajo… La verdad es que ha sido un trimestre de infarto, pero bueno, he sobrevivido al estrés y además he podido hacer un par de viajes preciosos, que pasaré a ilustrar para no perder las buenas costumbres. Y voy a empezar por el final, por el último: una estancia de unos 12 días en el noroeste de Inglaterra, en el distrito de los Lagos, paraíso senderista reconocido.

Empezamos por un camino llano que poco a poco iba subiendo por laderas hasta llegar a varias cumbres. Las vistas eran espectaculares y aunque el retorno se nos hizo un poco largo, sin duda mereció la pena. Eso sí, calculamos mal las reservas de agua (¡y el calor!) y acabamos todos con más sed que uno atragantado de polvorones en medio del desierto.

La verdad es que tuvimos mucha suerte con el tiempo, como podréis comprobar. Un día entero de sol en Inglaterra es… bueno, milagroso. Y tuvimos varios, de ahí el fallo en el racionamiento del agua (¡no nos esperábamos tanto sol!).

Y si bien el primer día nos encantó, los siguientes fueron aún mejores. Subimos más montañas, más verdes, de menos kilómetros de camino y con vistas más espectaculares. Y además el tiempo fue todavía más adecuado, porque a ratos se nublaba y se quitaba el calor. ¿Sabíais que el verde se ve más verde cuando el cielo está gris? Mirad:

Sé que soy un peliculero, pero mientras iba subiendo por esas praderas altas con el cielo gris no dejaba de acordarme de la película Braveheart… ¡Debieron rodarla aquí! (Bueno, evidentemente no tiene porqué… pero el caso es que los paisajes del Norte de Inglaterra deben ser muy parecidos a los del Sur de Escocia, ¿no? :-) ) Por cierto, que recomiedo encarecidamente la banda sonora de Braveheart, para el que no la conozca. By James Horner.

Volviendo al tema de montañas y paisajes, el segundo día también tuvimos ratitos de sol, como decía:

¡Braveheart total lo del valle de la foto de arriba, lo que yo os diga! *_*

También subimos, otro de los días, a una montaña muy emblemática llamada “The Lion and the Lamb” (El León y el Cordero), para llegar a cuya cima había que atravesar un hayedo precioso, pero la parte de los bosques me la reservo para la entrada #2 de esta serie ;-) Os dejo a continuación las últimas fotos de cumbres y cerros.

Arriba, LadyAlfiler y Violet posando prerrafaelísticamente…

Ah, ya que lo mencioné: por si alguien no la conoce, aquí os dejo un vídeo con una selección de las melodías de Braveheart. Los mejores momentos orquestales montados en 10 minutos. Y para los que la conozcáis… pues seguro que os gusta recordarla :-)

Tarde de lectura en la sierra

•21 abril 2011 • 2 comentarios

Unos gritos poligoneros, provenientes del establecimiento de abajo al que da el ventanal de mi salón, me despertaron ayer de mi plácida siesta. Menos mal. Hacía una tarde preciosa, y habría sido una lástima desperdiciarla. Me quedé un rato comiendo gusanitos de gominola mientras recuperaba plenamente la consciencia, sentado en el sillón, acaraciado por los rayos de sol que entraban por el cristal. Me podría haber quedado así toda la vida, si hubiera tenido mejores vistas que la pared del vecino de en frente y mejor banda sonora que las chonis gritando sus desventuras a todo el vecindario.

Así que en un arrebato de “tengo que aprovechar la tarde” (muy frecuentes en mí, por cierto) preparé una mochila con un libro, la cartera, las gafas de sol y las llaves del coche; me puse ropa apropiada y salí pitando para la sierra. Me apetecía escaparme de la ciudad, sentir el sol y el viento en la cara y la tierra bajo mis pies, y escuchar la nada, o la naturaleza (pero no a las chonis, en cualquier caso).

Aquí tenemos la suerte de tener Sierra Morena muy cerquita de la ciudad, así que en menos de media hora ya estaba encaramado a unas rocas dominando el valle. Esta vez no me alejé mucho de la carretera (por pereza, todo sea dicho), al menos no en horizontal, porque en vertical sí que subí bastante. De todos modos daba igual: había muy poco tráfico; creo que en las dos horas que estuve por allí sólo pasaron tres o cuatro coches.

Durante un rato sólo me concentré en escuchar los pájaros “en estéreo” (¡los había por todos lados!), en respirar el aire con olor a jara y en mirar el bosque mediterráneo que se extendía a mi alrededor en todas direcciones. Cuando me hube empapado bien de todo lo que me rodeaba saqué mi libro, “A Paralell Path”, del que ya os he hablado en entradas anteriores, y me puse a leer hasta que el sol se escondió.

Aunque la verdad es que hubo ratos (y largos) en los que dejé de leer para ver la puesta de sol, que fue una preciosidad. Fijaos:

No puedo decir más que me sirvió para recargar las pilas por completo y que disfruté como un enano simplemente deleitando todos mis sentidos. Bueno, todos menos el gusto, porque esta vez se me olvidó llevar el paquete de galletas con chocolate que suelo echar para las excursiones. ¡Algo tenía que salir mal, a ver!

Os dejo unas cuantas imágenes más, un poco repes, pero igualmente bonitas (¡no soy capaz de dejarlas atrás!)

La Torre de las Siete Esquinas y el valle del Guadiato

•31 marzo 2011 • Dejar un comentario

Esta vez no voy a ser demasiado prolijo en la parte textual. Todo lo contrario: hoy pecaré de parquedad. Simplemente os dejo con unas imágenes de una de las excursiones que hicimos hace un par de meses, cuando subimos a la Torre de las Siete Esquinas (torre vigía de planta octogonal (?) de época árabe, de las muchas que hay dispersas por la sierra de Córdoba) y a ver unas chorreras en el valle del Guadiato.

Ahora que llega el buen tiempo seguramente las excursiones proliferen como las alergias, así que supongo que en breve habrá por aquí más fotos de rincones bonitos, que le tengo echado el ojo a un par de sitios…

Bici, parque y libro

•24 febrero 2011 • 1 comentario

Este año los meses de enero y febrero han venido salpicados de algunos días más primaverales de lo que toca. Tanto, que después de una entrada de invierno tan fría y lluviosa, apetece echarse a la calle a tomar el sol con cualquier excusa. O sin ella. El otro día, asqueado de estar enclaustrado mientras fuera brillaba el sol, cogí mi bici, mi casco, mi libro y una botellita que preparé con té moruno (con hierbabuena). Y me fui a dar una vuelta y a leer al parque.

Lo del té fue un fracaso: se enfrió y acabó sabiendo a hierba. Pero el paseo me despertó los sentidos, y leer luego sentado en un banco de los jardines a los que solían llevarme mis padres cuando era pequeño resultó muy gratificante. Lástima que el sol se fuera tan pronto. No en vano era un día cercano al solsticio, claro.

Sobre el libro, por cierto: se llama “A Parallel Path”; una novela escrita por mi amigo Marco Peel, arquitecto, músico y “barefooter” consumado. Si alguien quiere echarle un vistazo, que no deje de visitar esta página: http://sites.google.com/site/aparallelpath/ Desde la web también se puede encargar un ejemplar. ¡Ojo! Está en inglés.

Salmón marinado

•20 enero 2011 • 3 comentarios

Como ya hace tiempo que no cuelgo ninguna receta, he pensado que para la primera entrada del año 2011 estaría bien contaros cómo hacer salmón marinado: una semiconserva de salmón de sabor muy similar al salmón ahumado pero por la mitad de precio (o menos).

En primer lugar, necesitaremos los siguientes ingredientes:

- Un filete de cola de salmón (de unos 400 ó 500 gr). Que no sea una rodaja.
- Dos vasos de sal
- Un vaso de azúcar
- Eneldo en hoja
- Aceite de girasol

Ya que el salmón lo vamos a consumir no crudo pero sí sin cocinar, hay que tenerlo congelado durante al menos tres días previamente a su preparación. Con ello conseguiremos eliminar el posible anisakis [parásito del pescado azul que se transmite a los humanos] que tenga.

A continuación, mezclaremos en un bol la sal y el azucar. En una bandeja, preparamos una “cama” con aproximadamente un tercio (o menos) de la mezcla, y sobre ella pondremos el filete de salmón.

Una vez sobre el lecho de sal y azúcar, espolvoreamos el filete con el eneldo en hojas.

Hecho esto, hay que recubrir completamente el filete con el resto de la mezcla de sal y azúcar, hasta que lo que nos quede sobre la bandeja sea una montañita blanca. Así:

Ahora viene la parte más aburrida: hay que dejarlo reposar 24 h. En ese tiempo, podemos preparar otras recetas, ir a trabajar, dormir o, en general, realizar cualquiera de las actividades que uno hace normalmente a lo largo de todo un día :-P

Bromas aparte, pasadas las veinticuatro horas de rigor vuestro salmón debería presentar el siguiente aspecto:

Como veis, la sal ha absorbido la mayoría del agua del filete, que queda semi-deshidratado, lo cual permite su conservación sin pudrirse (al menos a corto plazo). El siguiente paso va a ser filetear el salmón, para lo cual previamente hay que limpiarlo completamente de sal. Mi recomendación es que le quitéis toda la que podáis simplemente sacudiéndolo sobre bandeja, y el resto (la que esté más pegada), metiéndolo debajo del grifo sin muchas contemplaciones. Una vez limpio, si habéis optado por la opción del grifo, es importante que sequéis completamente el filete usando papel de cocina.

Para filetearlo, la recomendación es utilizar el cuchillo más afilado que tengáis y hacer las lonchitas lo más finas que se pueda sin que lleguen a desmenuzarse. Conforme se van cortando lonchas, hay que meterlas en un recipiente con aceite de girasol.

Utilizamos aceite de girasol porque es más insípido que el de oliva, y se trata de que el aceite no enmascare el sabor del salmón, sino solamente que ayude a su conservación. Cuando hayamos fileteado completamente el salmón, añadimos más aceite en el recipiente hasta que todas las lonchitas queden cubiertas. Lo dejamos reposar otras 24 horas (para que pierda un poco el sabor salado) y… ¡listo para comer! Y mucho más barato que comprarlo ahumado, claro.

*NOTA AL PIE: Últimamente he visto en Mercadona que venden un “Preparado para salmón ahumado”. Bicheando en las instrucciones y los ingredientes, es básicamente LO MISMO que esto: un paquete con sal, azúcar y, en vez de eneldo, “aroma de humo” (?), y con el mismo modo de preparación. La guasa es que vale 2 euros y pico (salmón no incluido, claro), y encima no sabemos qué compuesto químico será el “aroma de humo”. Así que ya sabéis, ¡hacedlo vosotros mismos en casa (más sano, además) y ahorrad! :-D

Los arroyos del Bejarano y del Molinillo… en otoño-invierno.

•30 diciembre 2010 • 4 comentarios

Tenía pendiente hacer una entrada monográfica sobre dos de los parajes más cautivadores de la sierra de Córdoba: los arroyos del Bejarano y del Molinillo. Ya había tocado el tema tangencialmente (por ejemplo, al hablar de la excursión para buscar el Monasterio de San Félix, la foto utilizada en la entrada pertenecía al arroyo del Bejarano), o directamente aunque sin extenderme mucho (en la entrada “Colores de otoño (Trassierra y Cazorla)”), pero es que estos paisajes se merecen un blog para ellos solos.

El Bejarano y el Molinillo (o “Molino”) son dos arroyos afluentes del río Guadiato, que a su vez es afluente del Guadalquivir. Se ubican muy cerca uno de otro, en la zona de Sierra Morena a la que da nombre la localidad de [Santa María de] Trassierra, actual pedanía de Córdoba y antiguo municipio independiente, si no me falla la memoria.

Mientras que el Molinillo es un cauce que suele secarse a finales de primavera (según haya llovido más o menos ese año, claro), el Bejarano lleva agua todo el año, y con un caudal más o menos constante, ya sus aguas no proceden de escorrentías sino de una surgencia subterránea. Que se sepa, jamás se ha secado, y D. José Manuel Recio Espejo, investigador de la Universidad de Córdoba, piensa además que ni siquiera se trata de una corriente natural, sino que fue creada ex profeso por ingenieros romanos, que tenían claro dónde estaba el acuífero que debían taladrar para crear la perpetua corriente de agua.

Sea como fuere, las aguas del Bejarano, debido a su constancia tanto en continuidad como en caudal, se han utilizado desde época romana (y es posible que incluso anteriormente) para mover diversos molinos e ingenios hidráulicos, abastecer de agua potable a la ciudad de Córdoba mediante el Aqua Augusta (“Acueducto de Valdepuentes”, de unos 16km de longitud), regar huertas y quién sabe qué más. En la actualidad ninguno de esos usos se mantiene, pero a cambio, el arroyo se ha ganado a pulso el ser uno de los parajes más apreciados y visitados de la sierra de Córdoba.

La perpetuidad de sus aguas ha permitido desarrollar en sus márgenes una espesa vegetación de bosque de galería que, como siempre digo, recuerda más a latitudes septentrionales y atlánticas que a una sierra mediterránea. Dado que la mayoría de los árboles que lo circundan son de hoja caduca, quizá no es el invierno su mejor época, sino más bien la primavera (cuando se llena de vivos colores) o el otoño (cuando las tonalidades ocres y rojas de las caducifolias se mezclan con las verdes de las plantas de hoja perenne).

No obstante, el lugar merece la pena la visita incluso en invierno, ya que paradójicamente hay más luz (al haber menos espesura en la bóveda vegetal), y el manto de hojas que tapiza el suelo es una delicia.

Sin embargo, y pese a ser un cauce mucho más estacional e históricamente algo menos interesante, tengo que reconocer que la palma se la lleva el arroyo del Molinillo. Su vegetación tipo paraíso virgen mantiene su exuberancia a lo largo de todo el año, ya que aunque abundan las caducifolias hay también un gran abanico de plantas perennes. Las siguientes imágenes son de finales de este otoño, cuando la mayoría de la hoja ya estaba en el suelo debido a los fuertes vientos y abundantes lluvias de esta temporada. 

Por si alguno de los que habitualmente sigue el blog lo dudaba, cuando digo que el manto de hojas del suelo de estos bosques es una delicia no me refiero exclusivamente a lo visual, sino también a lo táctil, ya que sigo en mis trece de ir descalzo para poder sentir las texturas que el mundo nos ofrece.

Y hablando de texturas: ¿qué os parece esta pared de roca? Sí, lo que hay debajo de la capa de musgo es una roca. ¡Ya me gustaría a mí tener una alfombra así en casa! Y en la segunda foto, lo que hay debajo del musgo es un muro de mampuesto.

Bueno, ¿y qué hace un muro de mampuesto a la vera de este arroyo? Pues aunque hemos dicho antes que este cauce es históricamente algo menos interesante que el del Bejarano, eso no quiere decir que no lo sea en absoluto. ¡Al contrario! Precisamente esta pared pertenece a un antiguo molino harinero de época califal que movía sus muelas aprovechando la topografía más o menos abrupta del lugar para crear saltos de agua con el caudal del arroyo.

En las fotos siguientes se aprecia una azuda o azud (una pequeña presa) que, colocada oblicuamente en el cauce del arroyo, desviaba parte de la corriente de éste hacia un depósito de agua.

Desde aquí, el agua era conducida a una serie de depósitos como el de la siguiente foto, necesarios para el correcto funcionamiento del molino:

Ya para acabar no podía dejar de poner la que seguramente es la imagen más famosa de este paraje: la poza conocida como Los Baños de Popea (un nombre tan poético como reciente, parece ser). Sería un sitio ideal para el baño en época estival si no fuera por las filtraciones (o vertidos directos, vaya usted a saber) de los pozos negros ilegales de algunas parcelaciones de la zona, que hacen que en época de escasas lluvias, cuando las aguas se renuevan menos, huela a alcantarilla y haya espumas sospechosas. Cosa que no pasa en el Bejarano, por cierto.

Y como propina: pues una tontería pero muy bonita. Fijaos qué palo tan coqueto se encontró por allí una compañera. ¿No parece un tallado indígena? (En realidad son túneles de termitas o algún otro xilófago que han quedado al descubierto… pero es más poética la explicación de la talla ancestral, ¿verdad? :-)

 
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