Música

•1 Junio 2009 • Dejar un comentario

Este sábado tuve que desplazarme en coche hasta Sevilla para asistir a la boda de una compañera de la carrera y amiga. Normalmente me aburre conducir, y más por autovía, que es a la vez la carretera más cómoda y más monótona que existe. Así que para no quedarme dormido de sopor al volante me puse a escuchar música. Fuerte. Y una vez más, como me ha ocurrido otras muchas, se me erizó el vello con ciertas piezas, y pensé que debía escribir sobre ello en el blog. Heme aquí.

La música es mi pasión. Toco, compongo y escucho desde hace ya algunos años, si bien es cierto que a causa del trabajo es sólo la última de las actividades la que puedo practicar a diario. Y, pese a las muchas horas de audición, sigo emocionándome y estremeciéndome con algunos temas que para mí son, evidentemente, obras maestras.

Me gusta todo tipo de música, pero tengo especial predilección por las piezas orquestales, especialmente aquellas “grandilocuentes”, sobrecogedoras. Una pieza brevísima que consigue ponerme la carne de gallina cada vez que la escucho (sin excepción) es el “preludio” (o la introducción) de la banda sonora de “Hook”, de John Williams. No falla: ese comienzo con los violines tocando piano, creando tensión para dar paso al tema de los metales (no sé si es un trombón o una trompa), que luego se repite pero respondido por los timbales, y que por último hace una variación in crescendo acabando en un golpe de orquesta… es, sencillamente, magnífico.

Y este sábado no iba a serlo menos: al escuchar el tema en la radio del coche, un escalofrío me recorrió desde la punta de los dedos hasta el último pelo de la coronilla, haciendo que incluso el contacto de mi cuerpo con el asiento fuera incómodo durante unos segundos. Que una combinación de sonidos pueda hacerme sentir así me parece algo prodigioso. Y si no todo el mundo es capaz de estremecerse con una obra sinfónica, entonces creo poder afirmar que soy un privilegiado, porque, al menos para mí, hay pocas cosas tan emocionantes.

Si alguien se anima, recomiendo una serie de obras orquestales que merecen la pena ser escuchadas:

Empezando por el ya citado John Williams (y la introducción de “Hook”), imprescindible la marcha de Supermán, la marcha de los Juegos Olímpicos del 88, y los temas principales de “Jurassic Park”.
De Gustav Mahler, el último movimiento de su sinfonía nº 2. Concretamente las frases corales de los últimos minutos.
De Gustav Holst, “Júpiter”.
De L.V.Beethoven, los coros del último moviento de su 9ª sinfonía, aunque hay muuuchas más.
De Rossini, la Overtura de “Guillermo Tell”.
De Ennio Morricone, “River”, de la banda sonora de “La Misión”.
De Vangelis, “Conquest of Paradise”, de “1492″.
De John Debney, la banda sonora de “Cutthroat Island”; sobre todo el primer tema. Y el último de la de “La Pasión de Cristo”.
De J. Hisaishi… casi cualquier cosa.

Y cientos de otras piezas y autores: Wagner, Orff, Tchaikovski, James Newton Howard, Hans Zimmer (magnífica la banda sonora -la parte instrumental, se entiende- de El Rey León, entre otras), Ravel, Shostakovich, Tomás Luis de Victoria…

Verde, amarillo y azul.

•12 Mayo 2009 • 1 comentario

Nunca pensé que me tiraría corriendo por la ladera de una duna, y menos en España, pero este sábado tuve la oportunidad de hacerlo y de pasármelo, por cierto, como un gocho en un charco de barro. Hustinetten y yo estuvimos visitando la playa de Bolonia, y me encantó no sólo la duna enorme que sube por la falda del monte que cierra la ensenada, sino también el hecho de que está rodeada de vegetación y de un paisaje de montaña; rocas y plantas, arena, agua y cielo… verde, amarillo y azul.

Saltando dunas

Dunas españolas

Playa de Bolonia

Nos pilló un día de esos tontorrón: nublado, que llueve, que no llueve… Lo bueno es que el cielo lleno de nubes hace que el paisaje sea aún más bonito. Lo malo es eso de que te mojas (por el tema de la lluvia, y tal). Pero el caso es que nunca había estado en una playa mientras llovía, y hasta probar eso me gustó, aunque no creo que repita ya en un tiempecito.

La verdad es que no sólo la climatología y la configuración física de la playa fueron espectaculares durante nuestra visita: también la fauna que albergaba. Y por una vez no me refiero a “fauna” para hablar de un colectivo de personas poco deseable, sino que lo hago con todo su sentido zoológico: nos cruzamos con una manada de cuatro vacas que iban paseando, solitas, tranquilamente por la orilla, como si se lo hubiera recetado el médico. Qué momento.

Hamburguesas de paseo por la playa

Además de en Bolonia, también estuvimos en la playa de Caños de Meca, en el cabo de Trafalgar. El acantilado que hay a los pies del antiguo faro merece la visita, muy agradable, por demás.

Acantilado del Cabo de Trafalgar 01

Acantilado del Cabo de Trafalgar 02

Faro de Trafalgar

Aún me quedan imágenes por poner, en concreto de las ruinas de Baelo Claudia, ciudad romana cuyos restos están enclavados a los pies de la playa de Bolonia. Pero me las reservo para otra ocasión, que así tengo una excusa para escribir.

La verdad es que nos cundió bastante el paseo, ya que todo esto (más una visita a Conil de la Frontera a comer pasteles) lo hicimos durante la mañana y la tarde del sábado, montados en el coche parriba y pabajo, escuchando un disco de los Hanson rescatado del baúl de los recuerdos. Y todo, por supuesto, trufado de anécdotas, como cuando nos cayó un chaparrón a mediodía y tuvimos que almorzar en el coche mientras veíamos cómo la gente corría despavorida huyendo de la playa… O cuando se me atascó el cargador de CDs y pude descubrir para qué servía esa-”inútil”-caja-de-herramientas-pequeñita-que-todos-tenemos-en-el-maletero… O cuando me corté con un cristalito en la planta del pie y tuve que ponerme la vacuna del tétanos… O cuando nos paró la Guardia Civil para pedirnos el DNI… O cuando…

Más paseos descalzo

•13 Abril 2009 • 2 comentarios

Después de esperar pacientemente a que mejorara el tiempo durante el invierno y parte de la primavera, he conseguido tirar un fin de semana para la costa, acompañado de novia y amigos, aprovechando que la climatología no era demasiado adversa.

El año pasado, durante del verano, tomé la determinación de que andaría descalzo todo lo que pudiera, y eso incluye (of course!) los fines de semana en sitios de playa, así que éste me lancé de nuevo al barefooting”, que desde que estuve en Cádiz a finales de verano había tenido pocas ocasiones de hacerlo. La novedad es que esta vez un amigo se animó a acompañarme durante un paseo que dimos desde el paseo marítimo hasta la estación de tren. He aquí las pruebas!!

Descalzos por Valdelagrana 01

Descalzos por Valdelagrana 02

Me agradó mucho corroborar lo que ya había tenido oportunidad de atisbar en ocasiones anteriores: que en los sitios de costa hay más gente que anda descalza en zonas alejadas de la playa; normalmente porque van o vienen de ella (surferos, gente que se da un baño improvisado en el mar y vuelve a casa…)

Descalzos por Valdelagrana 03

En fin, la cosa es que por allí le miran a uno “menos raro” y hay menos cuchicheos. ¡Qué bien! :-)

Mousse de limón

•17 Febrero 2009 • 1 comentario

Este fin de semana he estado en Valdelagrana en casa de un amiguete; era un chalecito con un jardín de los que a mí me gustan: salvaje, cuidado y descuidado a la vez… mitad huerto y mitad jardín, por decirlo de alguna manera. Lleno de plantas aromáticas y de frutales: había un romero precioso, florecido y fragante; varias matas de fresas silvestres; menta y yerbabuena creciendo aquí y allá; cilantro, aloes… y, justo al lado de la casa, invadiendo parte del tejado, un enorme limonero cargado de frutos.

Estuvimos recogiendo parte de los limones (aquéllos que estaban suficientemente maduros) y conseguimos llenar tres bolsas de supermercado. Mi anfitrión me ofreció amablemente una de las bolsas, que yo acepté sin dudar al estar pensando ya en esta receta que ahora os transcribo, y que por supuesto le dije a él también: Mousse de limón. Por cierto, FACILÍSIMA.

Mousse de limón

INGREDIENTES:

- 1 lata de leche condensada de las pequeñas.
- 1 lata de zumo de limón, tomando como medida la lata vacía de leche condensada.
- ½ litro de nata de montar.

PROCESO:

Se vierte la nata en la batidora, y se monta, si no completamente, al menos hasta que quede bien espesa. Luego se añade la leche condensada y se sigue mezclando en la batidora. Por último, se añade el zumo de limón a la mezcla, y se sigue batiendo. Poco a poco, al añadir el limón y batir, la mezcla irá cuajando.

Cuando la masa esté lo suficientemente espesa (esto es, al gusto…), la vertemos en cuencos y los metemos en el frigorífico para que se enfríen. Y ya tenemos unas cuantas raciones de Mousse de Limón. :-)

Tarta de manzana estilo polaco (o “Szarlotka”)

•29 Enero 2009 • 1 comentario

Esta receta me ha llegado, como casi todas las de repostería que tengo, a través de mi tía, que tiene cierto poder para recopilar recetas internacionales de las que van más allá de los platos típicos. Ella la llama “Tarta de manzana de Doris”, en honor a quien se la hizo llegar a ella. Pues bien, Doris, ¡permíteme darte las gracias desde este humilde blog! ¡Tu tarta está BUE-NÍ-SI-MA! (*_*)

Tarta de manzana

Os cuento cómo se hace. Primeramente hay que recopilar los siguientes ingredientes:

INGREDIENTES:

- 1/2 vaso de azúcar glass.
- 2 ó 2′5 vasos de harina de repostería.
- 1 cucharadita (generosa) de levadura en polvo.
- 250 gr de mantequilla
- 2 huevos
- 4 ó 5 manzanas
- sal
- canela molida

Antes de empezar, permitidme un par de matizaciones sobre los ingredientes: si no tenéis azúcar glass, podéis fabricarla moliendo azúcar normal. Hustinetten y yo probamos con un molinillo de café, y quedó genial. Si no, también se puede usar en la masa azúcar normal, pero queda algo menos fina. Por otro lado, deciros que las cantidades son meramente orientativas: no sé por qué, usando las mismas cantidades, una vez me quedó la masa aceitosa (falta de harina), y otra, sin embargo, pulverulenta (exceso). Así que si veis que pasa cualquiera de ellas, ¡hay que añadir el ingrediente que la compense (harina / huevo / mantequilla). En cuanto a las manzanas: hasta ahora he probado la tarta con manzanas golden, y está buenísima, pero tengo muchas ganas de probar con manzanas granny smith, que son más ácidas, y seguro que está mejor todavía… Si alguien lo prueba antes que yo, ¡que me comente los resultados! Bien, dicho esto, ¡empecemos!

PROCESO:

Mezclamos la harina con el azúcar y la levadura. Derretimos 200 gr de mantequilla en un cuenco, y le añadimos sal hasta que aquéllo quede saladito (como si fuera salsa para acompañar papas asadas). Reservamos el resto de la mantequilla. Vertemos la mantequilla derretida (y salada) sobre la mezcla anterior, y amasamos. Después, cogemos los huevos y separamos las yemas de las claras, y añadimos las yemas a la mezcla. Reservamos las claras. Seguimos amasando con las manos hasta que quede una pasta bastante sólida que no se pegue a las manos pero que no se deshaga en terrones (insistimos: añadir harina o mantequilla derretida según sea necesario). Metemos la masa a reposar una hora en el frigorífico.

Mientras tanto, cogemos las manzanas, las pelamos y las rallamos. Con la mantequilla que reservamos, enmantequillamos un molde y posteriormente lo enharinamos (todo esto para evitar que no se pegue la tarta). Cuando haya pasado la hora de reposo, cogemos la masa y la dividimos en dos mitades. Con una, cubrimos el fondo y los laterales del molde, y le abrimos agujeritos con un tenedor; la otra mitad la reservamos. Echamos encima las manzanas ralladas, y un poco de azúcar y canela. Tomamos la otra mitad de la masa y la rallamos (sí, sí, la rallamos) sobre la capa de manzana, cubriéndola uniformemente. Espolvoreamos azúcar y canela por encima.

Y ya sólo queda hornear. Si tenemos horno de convección (de los de “ventilador”), pondremos la tarta 1 hora a 160º, una vez precalentado. Si nuestro horno es de los más tradicionales (de resistencias), hay que ponerlo a unos 175º y algo más de 1 hora, procurando además que al molde le llegue más calor por debajo que por arriba. Para ello, o bien encendemos sólo la resistencia inferior, o bien ambas pero colocando la bandeja pegada abajo. Y con esto, ¡deberíais tener una exquisita tarta de manzana en vuestras manos! *_*

*VARIANTE: con las claras que reservamos anteriormente y que no hemos usado, podemos montar merengue, y añadirlo como una capa extra de relleno justo encima de la manzana rallada… Yo aún no lo he probado, pero pinta bien.

“A Midwinter Night’s Dream”, el nuevo trabajo de Loreena McKennitt

•4 Diciembre 2008 • Dejar un comentario

A Midwinter Night's Dream

Hace unas semanas llegó a mis manos, directamente desde Canadá (y costándome más barato, por cierto, que en la tienda de discos) el nuevo disco de Loreena McKennitt. Desde que se anunció su publicación, se sabía que “A Midwinter Night’s Dream” iba a ser una “continuación” de un álbum anterior, pero una continuación muy curiosa, porque no se trataba de sacar un nuevo disco “con el mismo estilo”, sino de ampliar el que ya existía…

Como hace tiempo que no escribo, creo que hoy me voy a desquitar y voy a remontarme hasta 1995 para empezar a hablar de este nuevo álbum. Pues bien, en ese año, 1995, Loreena McKennitt lanza al mercado un disco un tanto atípico: un EP, que viene a ser una grabación más larga que un single pero más corta que lo que comúnmente llamamos LP. El disco en cuestión es “A Winter Garden: Five Songs for the Season”, que, en palabras de la propia McKennitt, surge como una grabación “de prueba”; un laboratorio de los sonidos que más tarde plasmaría en su siguiente (y quizás más afamado) disco: “The Book of Secrets”.

Efectivamente, los primeros discos de Loreena tienen un corte mucho más tradicional en cuanto a sonido celta se refiere: canciones lentas, arregladas para arpa, voz y alguna cuerda frotada (violín o cello), y con gran abundancia de temas de la tradición irlandesa. Sin embargo, a raíz de sus viajes a lo largo del mundo, Loreena va recibiendo influencias de otras culturas, influencias que decide ir incorporando a su música como reflejo del sustrato cultural universal que percibe, de una forma o de otra, en cada pueblo.

Así, en su disco “The Visit”, comienza a explorar nuevas texturas, sonidos e instrumentos que pronto se convertirían en señas de identidad. Esta experimentación inicial tiene su continuación natural (y rotunda) en su siguiente álbum, “The Mask and Mirror”, un disco inspirado en sus viajes por España y Marruecos y donde la fusión con la música mediterránea y medieval ya no es una mera insinuación.

Pues bien, en este marco de búsqueda, experimentación y fusión es donde surge, como decimos, “A Winter Garden”, un disco corto de canciones de invierno y Navidad en el que Loreena se ensaya, musicalmente hablando, para editar su siguiente título “The Book of Secrets”, disco que no sólo está emparentado con el anterior por su sonido sino incluso también por las ilustraciones que lo adornan: en ambos casos podemos ver una granada, quizá simbolizando ese gusto por lo andalusí, lo mediterráneo y lo arabizante; gusto que ha llevado a Loreena a seguir en la misma línea también en su siguiente álbum de estudio, “An Ancient Muse”.

Trece años después de la publicación de “A Winter Garden”, la artista canadiense ha decidido continuar (y culminar) el trabajo que empezó en 1995, reconvirtiendo su antiguo EP de cinco canciones en un LP de trece cortes, añadiendo ocho nuevos temas y remasterizando los cinco anteriores; todo ello publicado ahora con el título de “A Midwinter Night’s Dream”.

Hay que decir que mientras que en su anterior trabajo, “An Ancient Muse”, Loreena había alcanzado unos grados de instrumentación, arreglos y producción estratosféricos (llegando a rayar el paroxismo en algunos momentos), en “A Midwinter Night’s Dream” ocurre casi lo contrario, dando la impresión a veces de que “faltan instrumentos” o de que las canciones están algo “vacías”, especialmente si las comparamos con los cinco temas que vienen heredados del “A Winter Garden”.

Pues bien, ya sea porque uno es fan (que lo es), o porque Loreena McKennitt sabe muy bien lo que se hace, el caso es que esta sencillez de arreglos de los ocho nuevos temas, que recuerda a veces más a los primeros discos que a los últimos, hace que el LP no se haga pesado en absoluto, y que incluso pueda ser escuchado en bucle repetidas veces sin ser tedioso.

De entre los nuevos cortes, podemos destacar “The Holly & The Ivy”, que abre el disco con ese aire nocturno, misterioso y medievalizante tan característico de los trabajos de Loreena. El tema dos, “Un Flambeau, Jeannette, Isabelle” es una pieza instrumental para acordeón y cuerdas que no puede negar que es un villancico, y que precisamente se escapa de los arreglos “mediterráneos” a los que la artista nos tenía acostumbrados, teniendo a cambio una sonoridad muy barroca. El tema tres, “The Seven Rejoices of Mary”, es un villancico tradicional que comparte la misma melodía que la canción irlandesa “Star of the County Down” (nada religiosa, por cierto). Estos casos de melodías a las que se le adaptan diferentes letras tradicionales no son nada raros; por ejemplo, la popular canción inglesa “Greensleves” (que Loreena versiona en “The Visit”) tiene también una letra navideña adaptada a su música, conociéndose el villancico como “What Child Is This”.

El tema cuatro, “Noël Nouvelet!” es quizá, junto con el que abre el disco, el único que supone una continuidad clara con el sonido del anterior trabajo de la artista, “An Ancient Muse”. Cantado en francés antiguo, tiene unos arreglos medievalizantes y de tintes arábigos que, como comentábamos antes, no llegan a “llenar” del todo el espacio sonoro, al contrario de lo que ocurre con el tema siguiente, “Good King Wenceslas”, uno de los heredados de “A Winter Garden”.

“Coventry Carol”, “God Rest Ye Merry, Gentlemen”, “Snow” y “Seeds of Love” son el resto de los temas antiguos que se han remasterizado y reeditado en este nuevo trabajo, si bien cabe reseñar que a “God Rest Ye Merry, Gentlemen” se le ha añadido una nueva introducción.

Del resto de los cortes que aparecen por primera vez, podemos decir en general que son tranquilos, apacibles, y muy agradables de escuchar; sin grandes ostentaciones musicales pero no por ello de menor belleza.

Y eso sí, aún falta la “sorpresa” del tema 11, “Gloucestershire Wassail”: un típico villancico sajón cantado a capella por un coro (en que está Loreena McKennitt, claro).

En definitiva, es un disco fantástico para escucharlo de fondo en una tarde gris como las de estas últimas semanas, y que recupera el “espíritu celta” de los primeros trabajos de Loreena McKennitt aunque sin perder del todo la fusión con las músicas mediterráneas que tanto caracteriza a la artista.

Ah, y por si queréis comprar este disco o cualquier otro de la discografía de Loreena, os recomiendo que lo hagáis a través de su página web, que ahora están de rebajas y os va a salir, gastos de envío incluidos, por LA MITAD que lo que os costaría en El Corte Inglés (e.g.)

Descalzo por la calle

•10 Octubre 2008 • 22 comentarios

Hace algún tiempo que me rondaba la cabeza una pequeña transgresión: andar descalzo por la calle. De pequeño odiaba ir sin zapatos, pero no sé qué me ocurrió durante la adolescencia que las tornas cambiaron por completo. Así, en verano, veía a los guiris (ellas y ellos) que, tal como salían de bañarse en el mar, se iban para su casa sin molestarse en ponerse unas chanclas… Y claro, por la arena pues todavía, vale. Pero cuando llegaban a la urbanización, y después cuando cruzaban la calle, yo alucinaba, y desde entonces siempre he querido probar cómo era eso.

Pues bien, desde hace algunos años ”me olvidaba”, de vez en cuando y a propósito, las chanclas en la sombrilla antes de ir a dar un paseo por los alrededores. Y la verdad es que como me gustaba mucho la experienca, este año me decidí a dar un paso más en mi pequeña aventura, y me pasé un día descalzo por la ciudad de Cádiz. En realidad ya había hecho mis pinitos como “barefooter” en la estación de tren de Málaga y algunos sitios parecidos, pero durante poco tiempo. Sin embargo, en Cádiz estuve HORAS con las sandalias guardadas en la mochila; me monté en autobús, álmorcé en un bar, me metí en una heladería a tomar una horchata, visité una exposición sobre el Camino de Santiago… y me lo pasé pipa.

Andando descalzo por las calles de Cádiz

Y es que andar descalzo por la calle es una sensación muy agradable si lo haces por puro placer. Notas miles de texturas que normalmente te pasan desapercibidas. Y también eres consciente, por ejemplo, de la temperatura de los pavimentos… ¿A que nunca os habéis fijado en que las soleras de hormigón están más calientes que las baldosas de terrazo de las aceras, por ejemplo?  ¿O que sobre las tapas de las alcantarillas puestas al sol prácticamente se puede freir una salchicha?  :-)

En fin, todo esto es agradable, como decía, sólo si la piel de las plantas de tus pies no es más fina que la del dorso de tus manos (como le pasa a Hustinetten… pobre… :-S), aunque en realidad todo es entrenarse. Lo más difícil no es, de hecho, la parte “física” del asunto, sino la cuestión psicológica: el estar preparado para que la gente te mire por la calle, el sentirte “raro”, observado. O incluso preguntado, aunque no ha sido mi caso.

Y sobre la parte “física” del asunto, deciros que no es tan terrible… Veamos:
- ¿No se te ponen las plantas de los pies negres como tizones? ¡Pues claro, y anda que no mola! ^^  Total, cuando llegas a casa te das con agua y jabón y lo negro se va  ;-)
- ¿No te pinchas con nada? Pues… yo aún no!! Al ir descalzo, SIENTES lo que estás pisando, con lo cual, si notas cierta presión en la planta que crees que te vaya a hacer daño, dejas de apoyar el peso en el pie y lo cambias de sitio. No llegas a pincharte. Otra cosa diferente sería correr, porque ahí ya no te da tiempo a reaccionar… Pero caminando creo que no hay peligro. De todos modos, ¡hay que procurar ir por calles limpitas! :-P
- ¿No te da asco pisar cacas de perro? ¡Sí, puajjj! Pero eso también me da asco con zapatos, así que procuro no hacerlo… No sé, cuando pise algo RARO os lo contaré!

Arcanvs con los pies negros

Bueno, no se me ocurren más cosas que me hayan preguntado sobre el tema… De todos modos, ya me está quedando un “post” larguísimo, así que mejor lo dejamos aquí. Y el que quiera animarse a darse un paseo conmigo en plan jipi por ahí… ¡que lo diga! ;-)

Aragonés.

•5 Octubre 2008 • Dejar un comentario

Hace no mucho, un amigo de tierras aragonesas me envió un mail informándome del conflicto existente acerca del reconocimiento del aragonés (de las dos variedades del aragonés, de hecho) como lenguas independientes de la catalana, y manifestándose en contra del proyecto de “homogenización” de las mismas. Yo también soy de los que opina que la cultura local es la que aporta el valor a cada una de las teselas de ese mosaico en el que vivimos, que ahí radica su riqueza, y que lo que deberíamos es hacer un esfuerzo para, por un lado, intentar difundir lo propio, y por otro, ser capaces de aprehender lo que nos brindan los demás.

Si queréis saber más sobre el tema (estéis a favor, en contra, u os dé igual), os invito a pinchar el siguiente link.

Pestiños

•28 Septiembre 2008 • Dejar un comentario

Ayer me dio por hacer pestiños, que siempre se me han antojado ser unos dulces muy otoñales. Así que aprovechando que llovía, me puse manos a la obra. Os dejo la receta que seguí, cortesía de mi tía Toñi (la repostera mayor de la familia). ¡A ver si os salen ricos!

PESTIÑOS

Bandeja de pestiños con azúcar y canela

- 1/2 kg de harina de trigo de la de freir.
- 1/2 vaso de aceite de oliva.
- El zumo de una naranja y medio limón, y un poco de cáscara de limón.
- 1/4 de vaso de vino (o más, según los queramos más o menos sabrosos)
- 1/4 de vaso de anís (o más, según los queramos más o menos sabrosos)
- 1 huevo.
- Un buen puñado de ajonjolí (sésamo).
- Otro buen puñado de matalauva (anís verde en grano).
- Una pizca de sal.
- Azúcar y canela. O miel.

Se echa el aceite en una sartén y se fríe durante un momento la cáscara de limón. Apartamos la sartén del fuego y le echamos el ajonjolí y la matalauva, para que se frían también un poco con el calor residual del aceite. Sacamos ya de la sartén la cáscara de limón, y vertemos el aceite, ajonjolí y matalauva sobre el medio kg de harina que tendremos preparado en un recipiente grande. Vertemos también sobre la harina el zumo, el vino, el anís, el huevo (previamente batido) y la sal. Y ahora, con cuidado de no quemarnos, vamos amasando todo hasta que quede una masa compacta y elástica. Si es necesario añadimos más harina, hasta que la masa deje de pegarse a los dedos.

Hecha la masa, la vamos extendiendo sobre una superficie plana y estirándola con un rodillo de cocina, de manera que quede como una torta no muy gruesa. Se recorta en forma de cuadrados o de círculos (usando como molde los bordes de un vaso). Cada “recorte” hay que plegarlo sobre sí mismo uniendo dos extremos; lo más sencillo es liarlos alrededor del dedo y hacer una especie de barquillo. Cuando hayamos convertido toda la masa en estos barquillos (que ya podemos llamar pestiños ;-)  procedemos a freirlos. Para ello hay que usar aceite limpio en cantidad suficiente como para que los pestiños queden totalmente sumergidos, y poner la sartén a fuego medio. Que como esté muy fuerte, se queman por fuera y se quedan crudos por dentro  -_-

Y una vez fritos, hay dos opciones. La primera es tener preparada una mezcla de azúcar y canela, e ir emborrizándolos conforme los vamos sacando de la sartén. Y la otra es echarles miel por encima, una vez estén todos frititos y esperando ser zampados. Ñam.

Pestiños esperando ser merendados.

Asturias (3)

•28 Agosto 2008 • Dejar un comentario

Nuestra siguiente parada era Pola de Lena. Un pueblo, donde la verdad, no hay mucho más que ver que la iglesia prerrománica de Santa Cristina, pero eso sí, la gente de allí es estupenda, muy amable y simpática.

Y a continuación viajamos en dirección comarca de Los Oscos. Junto a la carretera pasaba el Camino de Santiago, y los paisajes eran impresionantes. Una pena que apenas me quedaran pilas en la cámara. Sólo pude sacar unas pocas fotos en el pueblo de San Emiliano.

Después de pasar por Santa Eulalia de Oscos y Taramundi, pusimos rumbo norte, hacia la costa del Cantábrico. Paramos cerca de Navia. Por casualidad nos encontramos con la playa de Frexulfe, que es una maravilla.

Y así finalmente llegó nuestro último día en Asturias :( Antes de coger el avión nos dio tiempo de pasarnos por el Cabo Vidio

Y por Santianes de Pravia, aunque no pudimos ver la iglesia de San Juan Bautista por dentro :( (

De recuerdo me traje un queso Afuega’l pitu (que fallo que no le hice fotos) y avíos para hacer una buena fabada :)

Más fotos en mi Flickr