Los arroyos del Bejarano y del Molinillo… en otoño-invierno.

Tenía pendiente hacer una entrada monográfica sobre dos de los parajes más cautivadores de la sierra de Córdoba: los arroyos del Bejarano y del Molinillo. Ya había tocado el tema tangencialmente (por ejemplo, al hablar de la excursión para buscar el Monasterio de San Félix, la foto utilizada en la entrada pertenecía al arroyo del Bejarano), o directamente aunque sin extenderme mucho (en la entrada “Colores de otoño (Trassierra y Cazorla)”), pero es que estos paisajes se merecen un blog para ellos solos.

El Bejarano y el Molinillo (o “Molino”) son dos arroyos afluentes del río Guadiato, que a su vez es afluente del Guadalquivir. Se ubican muy cerca uno de otro, en la zona de Sierra Morena a la que da nombre la localidad de [Santa María de] Trassierra, actual pedanía de Córdoba y antiguo municipio independiente, si no me falla la memoria.

Mientras que el Molinillo es un cauce que suele secarse a finales de primavera (según haya llovido más o menos ese año, claro), el Bejarano lleva agua todo el año, y con un caudal más o menos constante, ya sus aguas no proceden de escorrentías sino de una surgencia subterránea. Que se sepa, jamás se ha secado, y D. José Manuel Recio Espejo, investigador de la Universidad de Córdoba, piensa además que ni siquiera se trata de una corriente natural, sino que fue creada ex profeso por ingenieros romanos, que tenían claro dónde estaba el acuífero que debían taladrar para crear la perpetua corriente de agua.

Sea como fuere, las aguas del Bejarano, debido a su constancia tanto en continuidad como en caudal, se han utilizado desde época romana (y es posible que incluso anteriormente) para mover diversos molinos e ingenios hidráulicos, abastecer de agua potable a la ciudad de Córdoba mediante el Aqua Augusta (“Acueducto de Valdepuentes”, de unos 16km de longitud), regar huertas y quién sabe qué más. En la actualidad ninguno de esos usos se mantiene, pero a cambio, el arroyo se ha ganado a pulso el ser uno de los parajes más apreciados y visitados de la sierra de Córdoba.

La perpetuidad de sus aguas ha permitido desarrollar en sus márgenes una espesa vegetación de bosque de galería que, como siempre digo, recuerda más a latitudes septentrionales y atlánticas que a una sierra mediterránea. Dado que la mayoría de los árboles que lo circundan son de hoja caduca, quizá no es el invierno su mejor época, sino más bien la primavera (cuando se llena de vivos colores) o el otoño (cuando las tonalidades ocres y rojas de las caducifolias se mezclan con las verdes de las plantas de hoja perenne).

No obstante, el lugar merece la pena la visita incluso en invierno, ya que paradójicamente hay más luz (al haber menos espesura en la bóveda vegetal), y el manto de hojas que tapiza el suelo es una delicia.

Sin embargo, y pese a ser un cauce mucho más estacional e históricamente algo menos interesante, tengo que reconocer que la palma se la lleva el arroyo del Molinillo. Su vegetación tipo paraíso virgen mantiene su exuberancia a lo largo de todo el año, ya que aunque abundan las caducifolias hay también un gran abanico de plantas perennes. Las siguientes imágenes son de finales de este otoño, cuando la mayoría de la hoja ya estaba en el suelo debido a los fuertes vientos y abundantes lluvias de esta temporada. 

Por si alguno de los que habitualmente sigue el blog lo dudaba, cuando digo que el manto de hojas del suelo de estos bosques es una delicia no me refiero exclusivamente a lo visual, sino también a lo táctil, ya que sigo en mis trece de ir descalzo para poder sentir las texturas que el mundo nos ofrece.

Y hablando de texturas: ¿qué os parece esta pared de roca? Sí, lo que hay debajo de la capa de musgo es una roca. ¡Ya me gustaría a mí tener una alfombra así en casa! Y en la segunda foto, lo que hay debajo del musgo es un muro de mampuesto.

Bueno, ¿y qué hace un muro de mampuesto a la vera de este arroyo? Pues aunque hemos dicho antes que este cauce es históricamente algo menos interesante que el del Bejarano, eso no quiere decir que no lo sea en absoluto. ¡Al contrario! Precisamente esta pared pertenece a un antiguo molino harinero de época califal que movía sus muelas aprovechando la topografía más o menos abrupta del lugar para crear saltos de agua con el caudal del arroyo.

En las fotos siguientes se aprecia una azuda o azud (una pequeña presa) que, colocada oblicuamente en el cauce del arroyo, desviaba parte de la corriente de éste hacia un depósito de agua.

Desde aquí, el agua era conducida a una serie de depósitos como el de la siguiente foto, necesarios para el correcto funcionamiento del molino:

Ya para acabar no podía dejar de poner la que seguramente es la imagen más famosa de este paraje: la poza conocida como Los Baños de Popea (un nombre tan poético como reciente, parece ser). Sería un sitio ideal para el baño en época estival si no fuera por las filtraciones (o vertidos directos, vaya usted a saber) de los pozos negros ilegales de algunas parcelaciones de la zona, que hacen que en época de escasas lluvias, cuando las aguas se renuevan menos, huela a alcantarilla y haya espumas sospechosas. Cosa que no pasa en el Bejarano, por cierto.

Y como propina: pues una tontería pero muy bonita. Fijaos qué palo tan coqueto se encontró por allí una compañera. ¿No parece un tallado indígena? (En realidad son túneles de termitas o algún otro xilófago que han quedado al descubierto… pero es más poética la explicación de la talla ancestral, ¿verdad? :-)

~ por arcanvs en 30 diciembre 2010.

4 comentarios to “Los arroyos del Bejarano y del Molinillo… en otoño-invierno.”

  1. me he tomado el atrevimiento de incluir a La hermandad del cuervo en mi blog porque me encantan los viajecitos que realizan y sus imágenes y comentarios…………..

  2. ¡Muchas gracias! :-D Dejemos aquí también recíprocamente el link de arte, ¿no? ;-)

    http://artemargagrigera.blogspot.com/

  3. [...] que en Andalucía, incluso en Córdoba, tenemos paisajes de ese estilo (véanse las entradas Los Arroyos del Bejarano y el Molinillo, Colores de Otoño, o Las Cascadas del Río Huéznar) pero son indudablemente escasos. Así que [...]

  4. [...] parada en los Baños de Popea (otro sitio mágico del que ya hemos hablado en un par de ocasiones: aquí y [...]

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